7 notas y 3 detalles

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- Vengo leyendo hace un tiempo cositas sobre que el nuevo modelo de negocio es la adaptación a la inexistencia de nuevos modelos de negocio. Creo que mola mucho eso de empezar algo nuevo, y como no se tiene ni puta idea, y tampoco experiencia (en tanto que es nuevo) se diga que en realidad no hay fórmulas, o estructuras. Muy humilde sí: lo que yo no entiendo, ni clasifico, no existe. Lo único que está claro es que tal vez esos modelos tengan una vida más corta que los anteriores, y que la flexibilidad para adaptarse sea básica. O tal vez no. Es interesante esta reflexión de Hernán Casciari.

- Una vez que hayan visto el vídeo, tengan en cuenta otra cosa: que la industria tradicional del contenido se va hundiendo sola es un hecho, pero tampoco deja de ser cierto que es necesario atacarla para ganar espacio en la nueva realidad, y que esos ataques son peligrosos. En la pelea por crear cosas nuevas se reciben contraataques de gente que pega duro, porque lleva toda la vida mandando y pegando. Y el fracaso es una realidad a la que, creo, no hay que tener miedo, pero tampoco hay que negar su existencia.

- La crisis se nota en la calle de muchas formas. Una de ellas es que el alumbrado de Madrid se ha reducido a la mínima expresión. Se acabaron los tiempos de pagar pastiches a diseñadores por colocar bombillas. Da un poco de mala espina. Es como cuando vas a ese dentista enrollado y simpático, con una consulta llena de fotos de familias felices y mascotas coloridas y divertidas, cuyo buen rollo y simpatía van desapareciendo conforme te vas acercando a la sala donde te van a coger las muelas con alicates.

El Clásico, por cierto. Cuando un equipo es mucho mejor que otro, le gana nueve de cada diez veces. La otra fue la final de Copa del año pasado. El resto es literatura barata y ficción chunga. No tiene más análisis.

- A propósito del Clásico y de mi estimado Mourinho: ganar nueve millones de euros al año y presentarte con pantalón de chándal y chaleco plumífero, no sé si revela que no aprendió nada en Milán, que le va el look “conductor de cunda”, o que quiere engañar al personal yendo de cercano, pero cayendo en lo chabacano. En todo caso es un gesto de mal gusto, populista e inmoral.

- Queridos Rafa Nadal y Steve Jobs: si mi biografía estuviera en una librería católica me preocuparía muy en serio. Ahí están los dos tochos, en el escaparate de la librería San Pablo, en la Plaza Jacinto Benavente, esperando que algún pecador (de la pradera) caiga en la tentación de comprar algo ajeno a las reflexiones de Juan Pablo II. Es curioso cómo aprovechan cualquier tipo de mística para apropiarse y lucir.

- En La2, a eso de las nueve de la noche, llevan meses programando unos documentales de la puta ostia. Imágenes inéditas y coloreadas de la II Guerra Mundial, y ahora me estoy perdiendo, por escribir aquí, otro de la misión a la Luna. De verdad imágenes tratadas, calidad del recopete. Aprovechad, que a La2 le quedan tres tardes.

DETALLES:

Baltasar Garzón tiene 320.000 fans en Facebook. Toma community management. En su día el juez estrella causó estragos entre las mismas féminas que lo hizo Felipe González. Tenemos una importante comunidad de marus con furor uterino por los altos funcionarios.

Chelsea Clinton debuta como reportera en la NBC. Un minuto de silencio, por favor.

- Tras el silencio, me llega vía @weezermij esta barbaridad creada, como siempre, por un chavalín de mierda:

¿El smartphone? Lo inventé yo.

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Siempre me han hecho gracia las personas egocéntricas. Y no quiero entrar en si la sociedad actual es particularmente egocéntrica, y demás. Parto de la base de que el personal lo es, pero, eliminando esa capa de egocentrismo que daríamos por natural, me quiero referir a las personas egocéntricas de verdad, a las extra, a los del ego tamaño familiar/envase ahorro. Desde las celebrities que se “han hecho a sí mismas”, que han empezado “desde abajo”, hasta nuestros semejantes que, poco menos, han inventado la pólvora.

Podríamos encontrar excepciones, al considerar que Paula Vazquez se ha hecho a sí misma. Con ayuda médica, claro está, pero vamos que lleva razón. O que la carrera de Monica Lewinsky empezó desde abajo. O que el chino que inventó la pólvora jamás lo reconoció, por modestia. Nótese el simpático etnocentrismo a la hora de escribir la historia: “La pólvora se inventa en China, aproximadamente en el siglo IX“. Eso sí que es un trabajo de investigación, cojones.

Cada vez que me cruzo con un egocéntrico paso por las mismas fases. La primera dura un minuto, es una reflexión sobre lo jodidamente patético que debo parecer cuando hago alguno de mis alardes, ya que reconozco como uno de los suyos. La segundo dura algo más y trato de establecer contacto con la mirada en caso de que hubiese uno o varios terceros en la conversación, en plan “tío, dime que tú también lo estás oyendo”. La tercera fase es la definitiva, y en ella clasifico al sujeto en cuestión, bien como un personaje divertido y entrañable, bien como un insoportable ser con el que tendré que vivir atrincherado el día que Buffy Cazaegocéntricos decida venir por nuestra zona.

La humildad, queridos amigos, es fundamental. Ya lo dijo Jesucristo. Y Rafa Nadal.