Radio y punto.

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Uno de los daños colaterales de pasar el fin de semana con una niña de siete años, es que la radio del baño aparece misteriosamente cambiada de dial. Así que la ducha nocturna, estuvo amenizada por De Costa a Costa, con Rafa Martínez Simancas, por lo que me secaré con Punto Radio. Momento de análisis económico con un personaje de mucho cuidado. Se trata del responsable de la REAF, ni más ni menos que el registro de economistas y asesores fiscales, ahí es nada. Le piden fórmulas contra la crisis.

El figura cree que, como IVA e IRPF son los impuestos que más recaudan, son los que más hay que subir. Se nota que es especialista. Acabará la entrevista indicando que la subida del IVA que hizo Zapatero fue un error garrafal, como si no la hubiera recomendado antes. En cuanto al IRPF, señala que, como comprenderemos, las rentas más altas ya pagan mucho. Que si llegan a pagar el 50% de lo que ganan, que nos imaginemos. Ojo con el argumento: “Es que, si hay futbolistas que tienen que pagar la mitad de lo que ganan… ¡Ni vienen a nuestra liga!“. Ya me estaba secando el frontispicio del pubis.

El conductor del espacio le pregunta si las medidas de Rubalcaba serían efectivas, o mera palabrería para ganar votos, a lo que responde que lo segundo. Luego le pregunta que si las medidas del PP (serán las que él conozca) serían las óptimas, y dice que sí. El conductor le incrusta “¿Pero, sin tocar los impuestos?“, a lo que mi especialista económico favorito responde que “…si dicen que lo pueden solucionar, será porque habrán hechos sus números“. Orgásmico, oigan.

Va finalizando la gloriosa intervención en la cumbre, para lo que nuestro presentador le pide a su partenaire que nos hable del futuro. El puto amo del REAF, nos comenta que llevamos tres años en crisis (¡habla del futuro con flashbacks!), y que (redoble) LO PEOR… NO HA PASADO (chan-chan-chaaaan). El locutor se queda como compungido. Igual es porque no ha quedado muy claro el sesgo pretendido con la intervención.

CONCLUSIONES:

-Si su sobrina va a pasar un fin de semana a su casa, díganle que en el baño no tienen radio.

-Presenté informativos en Punto Radio. Entraba justo después del informativo nacional de Javier Fernández Arribas. Raro era el día en que no tenía que tragarme el vómito para abrir el micro y empezar. Hay cosas que no cambian.

-La mediocridad intelectual, como la demostrada en esos minutos de radio, es la causa de la crisis, y también la consecuencia de políticas en las que primó (y se sigue primando) lo fácil, lo rápido y, como trasfondo, se premia a quien no piensa, es dócil y manejable.

-Viendo Sálvame Deluxe, y reitero el argumento, creo que es de lo mejor que podemos ver en los mass media. Por lo menos es divertido y escarba en el alma humana.

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Y la radio es eso

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Hace unos años presenté en la Asociación de Vecinos La Corrala de Lavapiés, un proyecto de radio. Tenía tres objetivos básicos, y uno egoísta:

1- Servir como primer contacto de los alumnos con los medios de comunicación como posibilidad laboral a tener en cuenta. En caso de ser preuniversitarios, o personas con ganas de reorientar su vida laboral, mi experiencia podría ahorrarles batacazos, facilitarles el camino, y seducirles con un mundo muy duro, pero atractivo.

2- Educar el criterio de los alumnos, en tanto que ciudadanos, que compone su visión de las cosas gracias a lo que oyen/leen/ven en los medios. Que sepan interpretar claves, que conozcan entresijos, los porqués de los enfoques, y lo relativo y puesto en cuarentena que ha de estar el contenido que les llega. En plena Sociedad de la Información, lo importante es discernir lo que nos interesa y lo que no, y saber qué canales emplear.

3- Crear un medio que cuente el barrio de Lavapiés como es, si es que es de alguna manera. Desde luego no para contarlo como los medios tradicionales dicen que es: o un parque temático de la multiculturalidad plenamente integrada y flower power, ni un lugar inhóspito donde la delincuencia campa a sus anchas. Los medios tratan mal al barrio, muy mal, y generan una imagen falsa que emborrona lo que es, y que afecta a los que estamos dentro.

La motivación egoísta era soliviantar el mono de radio, que arrastraba desde que entré a hacer guiones en la tele, y me alejé de un medio que me había agotado en seis años. Sobre la radio se ha escrito mucho, sobre cómo hacerla, sobre sus ventajas: inmediatez, cercanía, popularidad, imaginación… pero luego, en la radio, hay una especie de swing que sientes cuando las cosas salen bien. Y es un swing físico, porque el swing es sonido, igual que la radio. Cuando sabes que no vas a optar a un Ondas, pero que todo va saliendo.

Y es lo que ha pasado en estas fiestas. Un grupo de personas raras y heterogéneas, se ensamblan para sacar un producto defendible, con nula experiencia previa. Olvidando la oportunidad de Manuel Osuna, y el empuje de Nieves, y las horas de Tere y Lucía, muertas después de sus jornadas laborales, y de Carlos saliendo con brillo del cascarón, y de Manuel, que me decía “Con lo mal que lo pasamos, y luego suena bien“. Pues eso, Manolo: la radio es eso.

El cartel

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Queridos activistas de izquierdas:

Paseaba el otro día por la calle, y me topé con uno de vuestros reivindicativos carteles -del tamaño de una octavilla-, en el que destacaba el brillante titular “No podrán pararnos“. No hay como buscar el autorefuerzo entre semejantes para aspirar a ser vulgares. Si me acercaba a un palmo de la pared en la que estaba fijado el pasquín, acertaba a leer la profunda, concreta y emocional frase “Lo queremos todo y mucho más“. Supongo que, de haber tenido un microscopio de la Agencia Nacional de Investigación Microbiológica, hubiera leído el resto del mensaje revolucionario.

Lo de la comunicación para con la izquierda ha pasado de error garrafal a autodestrucción pura y dura. Las grandes empresas detentoras del capital, también tienen peces gordos encargados de decidir qué es lo que quieren trasladar al gran público. Entonces se ponen en contacto con especialistas en comunicación, y les sueltan una amalgama de ideas, más o menos brillantes, más o menos lógicas, y menos que más coherentes entre sí. Es lo que se llama “briefing“. A raíz de esta reunión, los profesionales de la comunicación dotan de forma y valor a un mensaje que pretende ser lo más fiel posible a los dictados de los peces gordos.

Estos especialistas suelen tomar el pulso con asiduidad a la gente, y habitualmente manejan una serie de instrumentos y herramientas para que el mensaje sea lo más efectivo posible con el menor número de exposiciones. Es decir, economizan. Vosotros os presentáis en Sol pidiendo desde la supresión de la Ley D´Hont, hasta meter en la cárcel a los banqueros. Argumentáis que en esta sociedad 2.0 los cambios son muy rápidos, y los políticos muy lentos, y tardáis siete días en ofrecer un decálogo en el que expliquéis a la sociedad qué cojones hacéis con los sacos de dormir en el centro de Madrid.

Os quejáis de que la gente que no sabe hacer la “o” con un canuto os representa en el Congreso, y aparece en la televisión, ante millones de espectadores, cualquier chaval acampado que no sabe hacer la “o” con un canuto, para comunicar los objetivos de las movilizaciones. Desaprovecháis cargas policiales, no trasciende ningún tipo de acción efectista -al margen de las originales protestas, caceroladas, etc…- en los medios que, por otra parte os utilizan hasta el paroxismo. Supongo que estaréis en arduos debates sobre si lapidar o no, a un asambleario que haya dicho “compañeros y compañeras”, en vez de “compañeras y compañeros”. Y ahora me encuentro ese cartel. La Biblia en póster.

Chavales: o necesitáis un buen meneo en cuestión de comunicación política, y social, o es que vais con los malos.

San Martín

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Era una radio local. De lunes a viernes hacía el boletín de las 7, de las 8 y de las 9. Hacía el magazín de 12 a 14, y a las 14:15, el informativo hasta las 14:30. Es decir, que rellenaba media programación local por 850 euros y 200 en negro. El último informativo del día, el importante, lo hacía improvisando sobre notas, y preparaba los cortes de audio, en el tiempo de publicidad del magazín. Por la tarde grababa la programación del sábado.

Ibamos al comienzo de las fiestas de tal o cual localidad, que en diez minutos lo ha dicho todo. Dos horas de directo, con un micro y dos piernas. A falta de cinco minutos, en el último corte de publicidad, el director te llamaba al móvil. Una hora más de desconexión. Una hora más de programa. Y nos sacábamos una hora más de la chistera. Por 850 euros y 200 en negro.

Pero no era suficiente. El presidente de la emisora, me llamó a filas. El presidente era un empresario inmobiliario. Para que nos entendamos: muy Gil y Gil. Me pidió que el magazín fuera para marujas. Consejos de belleza, recetas de cocina. Que aquello de poner a Cortázar, o a Los Planetas, era una frivolidad. Llevaba seis meses y me venció el contrato. Me puso uno de un mes sobre la mesa. Si me portaba bien, indefinido. Si no, a la puta calle.

Venía con una estocada de mi anterior trabajo. La Junta de Castilla la Mancha y un director poco dado a la defensa de la información, o la ética, me habían convertido en un apestado en la ciudad. Era un maldito, y os aseguro que ser un maldito no es tan grato, o tan romántico como lo venden. Los malditos no son ídolos de quinceañeras, sólo son torpes a los que se niegan los abrazos y las palabras de consuelo (excepto Mino, al que no olvidaré). Es alguien abandonado a su suerte, con un teléfono que se queda mudo, y con una lección por aprender. Solo.

Por si os interesa el final, me porté bien. Fui un buen chico y, durante ese mes, caí en las profundidades del insulto a la inteligencia del oyente, por tanto me hicieron indefinido. Creo que a la semana siguiente me marché a la tele nacional, pero eso es otro cantar. Ayer me acordé de todos estos momentos al ver que el equipo de fútbol sala de Guadalajara está en huelga. Sus jugadores llevan demasiado sin cobrar, y su presidente, el mismo de aquella emisora, les debe unas cuantas mensualidades. Igual sigue pagando 850 euros y 200 en negro. Igual les ha dicho que jueguen como marujas.

El taller de radio

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Creo que para construir un equipo, lo primero es quitar el miedo. Lo mejor para hacerlo es contar las miserias que has visto en otros equipos. Básicamente comentarles que Amancio Ortega también se ha cogido un pedo y ha tenido que rabar la cena entre pota de gintonics. Que Penélope Cruz también habrá echado un mojón de los que atascan cañerías. Que aquí nadie mea colonia. Entonces se vienen arriba, y es el momento de ponerles en su sitio.

Para ponerles en su sitio, se les comenta que estamos aquí para contar cosas, no para cambiar el mundo. El mundo es difícil de cambiar y, mucho más para nosotros. Si el mundo funciona así es por algo, y es lo que debemos saber y transmitir. Dejemos que lo cambien los tertulianos partidistas en sus programas/barras de bar. Para cambiarlo hay otros talleres más modernos y enrollados. Lo que nos corresponde es cambiar la percepción de la realidad que los medios tradicionales hacen llegar a la gente. “Informar, formar y entretener“, es algo como el “tocar y desmarcarse” en el fútbol, algo tan básico pero tan difícil de encontrar, que debe ser una esencia a depurar. No vamos a cambiar el mundo, pero contar las cosas dándole una vuelta más, y tratar al oyente como si fuera una persona inteligente, ya es una pequeña revolución a nuestro alcance.

Ahora estamos en esa fase, tienen algo de miedo. Empiezan a coger el micro -tres meses sin verlo y ni han rechistado- y perder el miedo. Y equivocarse. Y cagarla. Y rectificar. Y aprender. En ese tiempo se han acomodando en las posiciones idóneas y, aunque queda camino, se encuentran a gusto en sus papeles, y yo contento, porque hemos demostrado que podemos.El verdadero reto es dejar claro que con un sonido comercial, profesional, se pueden contar las cosas de otra manera. En ello estamos.