Hola Carlos, soy tu post

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Hola Carlos soy tú. Tú mismo dentro de treinta años. Así comienza el spot de McDonnald´s que, por su juego fácil, será recordado por el público analógico y el digital. Y es que los tuits sobre #HolaCarlos poblaron nuestros timelines hace unos días, explotando publicitariamente, y de manera gratuita, la marca de presuntas hamburguesas. Digo que el juego es fácil porque cualquier chimpancé borracho metido a guionista, se puede dedicar o a hacer chistes con Falete y Paquirrín, o a crear tramas con viajes en el tiempo y amnesias. Salvan cualquier guión y a la gente le gusta.

Volviendo al anuncio, el chavalín asume que él mismo se está llamando, treinta años después, con la misma sorpresa que si le dijeran que ha aprobado un parcial de matemáticas. Aunque el aprobado da igual, porque se dice a sí mismo que no se agobie con los estudios, y que será lo quiere ser de verdad: tener una empresa “en Internet“. Ese concepto es el primero que me choca, olvidando toda la situación fantástica anterior. ¿Qué es tener una empresa en Internet?, ¿Que tiene una página web?, ¿Una fanpage en Facebook?, ¿Que se habla de ella en forocoches?, ¿Habrá alguna comarca que se llame Internet, donde ubique la sede social de la empresa? Suponiendo que se refiere a tener una empresa de venta ¿? online… ¿Es compatible decirle que no se preocupe, y a la vez que será empresario?

El gesto criminal: “España va a ganar el Mundial -¿El del 82?- No, ese no“. Cómo se puede ser tan hijodeputa. Cómo se puede llegar a ese grado de criminalidad… ¡Dile qué puto Mundial ganamos! ¿Es que tiene que pasar por lo que hemos pasado todos?, ¿Es que tiene que vivir el penalti de Raúl, el codazo de Tasotti, el robo de Korea, la prórroga de Inglaterra…? ¡¡Díselo!! ¡¡Mitiga esa ansiedad y depresión generacional!! Y ya de paso coméntale un par de quinielas, y así te ahorras la primera ronda de financiación de tu jodida “empresa en Internet“, idiota.

El final es mi triángulo de las Bermudas, donde me pierdo. Le dice que entre en el restaurante (sic) y que conozca a una chica, y se la cuide.  Y yo me pregunto: ¿Es la misma que le acompaña en la actualidad?, ¿Qué sentido tiene entonces que entre a conocerla, si se van a conocer y formar una familia igual? ¿Pasa algo en la máquina del tiempo, que haga que tenga que intervenir con esa llamada, para forzar el encuentro?, o ¿Acaso la chica del burguer no es la misma que la que está con él de mayor?, ¿Es una exnovia a la que no olvida?, ¿Quiere deshacer su presente con una mujer a la que no quiere, y endeudado hasta las trancas en plena crisis?,

Y lo que me deja en fuera de juego:

1) ¿Cualquiera de nosotros hablamos con nuestro pasado, y a los diez segundos corremos a apretarnos un BigMac? Le dice “vale, gracias“, el chavalín. ¿¡Vale, gracias!? ¡Eres protagonista de un salto en el tiempo cuatro años antes del estreno de Regreso al Futuro, y contestas como si estuvieras hablando con los del puto 1004!

2) Le confiesa a su mujer que estaba hablando consigo mismo. En mi pueblo a eso se le llama hablar sólo, y conviene que te vea un psicólogo, pero su mujer lo asume con normalidad, como dándolo por perdido.

CONCLUSIONES:

Igual, amigo Carlos, deberías relajarte un poco, dejar de trabajar 22 horas en tu empresa, y en las 2 que dedicas a tu familia dejar de llevarles al puto McDonnald´s. Igual deberías dedicarle tiempo a una mujer que pasa de ti como de la mierda, en lugar de andar provocando saltos en el tiempo para que tu yo del pasado te resuelva la papeleta.

Admiro profundamente la persistencia del tal Carlos. El dineral en llamadas a una cabina y la paciencia para coincidir consigo mismo justo al pasar por la calle. La suerte de que cogiera el teléfono de una cabina, teniendo en cuenta que esto no es una peli americana, que en España ni nos dejamos las puertas de las unifamiliares abiertas, ni sonaban las cabinas ni, of course, cogíamos esos teléfonos. Lo de de dónde ha sacado el número de una cabina del pasado, mejor ni preguntamos.

PD: Pero que el anuncio me ha tocado la fibra, ¿Eh?

Crisis para Rato

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Imagino a ese ciudadano nigeriano que se conecte a Internet, caiga en la prensa española y lea titulares como “¿Es posible la vida sin Blackberry?“, o “Reclinar o no reclinar, el gran dilema de viajar en avión“. Lo sé, soy un demagogo de mierda, pero ¿A que os había enternecido?

Resulta que Youtube ha montado un despliegue sin precedentes con el objeto de cubrir las próximas elecciones generales, y que van aflorando herramientas para seguir la actividad online de nuestro políticos, como la muy meritoria politweets, que nos permite seguir las andanzas de los mandamases por el mundo dospuntocero. Cada vez tenemos más posibilidades estar al tanto de la más absoluta nada. Cada vez se refina más nuestro gusto por el entretenimiento. Las barras de bar son, ahora, kilométricas.

Los temas importantes siempre quedan al margen de las campañas. Aena, por ejemplo, que todavía no se vende, pero se está en ello. Entre todos pagamos la T4, y luego la vendemos, nuevecita. Ofertas por Madrid y Barcelona, claro, las decenas de aeropuertos deficitarios y absurdos, nos los seguimos comiendo con patatas. Así lo público es ineficiente, no como los bancos. Otra “recapitalización” en ciernes. Y cada vez pienso más en esa pareja de arquitectos que conocí en el grupo de discusión de un estudio sociológico, que sólo pensaban “en lo que vamos a cenar al llegar a casa”.

He escuchado tanto la cantinela de la ruina, que me da un cierto morbo. ¿Qué pasa si nos arruinamos? Si nos vamos a pique de la mano de Grecia, Italia, Irlanda, Portugal, detrás vienen Francia y Alemania, no me imagino a Ucrania, Bielorrusia, Estonia, o Bélgica tirando del carro… y así todos… ¿Qué pasaría, cuál sería el fatal destino? Cuando en plena bonanza te has hecho el colacao con agua, hay cosas que lo único que te pueden dar ya es morbo.

Carta a un emprendedor ideal

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Nadie va a restarle mérito. Lo tiene y mucho. Apostó, peleó, arriesgó trabajo mucho, y sacó adelante una startup por la que pocos hubieran dado un duro. Habrá pasado por la travesía no sólo de la falta de ayudas cuando se arranca, sino de la complicación que tiene una empresa en Internet en nuestro país, tan poco dado a los cambios, las novedades, o las nuevas fórmulas de crear industria. El camino ha sido amargo, lo sé, y la recompensa justa.

Dicho esto, tengo la ligera sensación de que, tweet tras tweet va lanzando un mensaje que tiene por objetivo generarnos la idea de que el Estado debería desaparecer paulatinamente, y que todo lo público nos es ajeno en tanto está mangoneado por personajes de dudosa capacidad de gestión, y de pésima pericia política. Esto le lleva a la idea de la necesidad de un estado económicamente liberal. Por completo: sin impuestos ni trabas.

Coincidiendo con algunas de sus ideas, no puedo por menos que enfadarme con algunas críticas suyas a esto que, de alguna u otra manera, hemos dado en denominar Estado de Bienestar. Que no es único y con una sola fórmula, por cierto.  También me gustaría que recapacitara sobre la suerte que ha tenido. No digo que los resultados de su trabajo se deban a la suerte, pero sí que existe una tragedia, consustancial al ser humano, con la que convivimos, y de la que huimos con, por ejemplo, el Estado de Bienestar.

Es evidente que a usted le podía haber dado un itcus, podía haberse tirado de cabeza en una piscina poco profunda, o se le podría haber escapado el coche en una carretera. Podría haber nacido en otro tipo de familia. Busquemos en los barrios menos agradecidos, el número de jóvenes capaces de sacar 200.000, o 300.000 euros para arrancar una idea de entre sus friends and family.

Sobretodo, es una cuestión de responsabilidad social. Cuando usted monta una empresa, la mayoría de sus trabajadores se han formado en la educación pública. Usted mismo. Tiene derecho a que cuiden de su salud, a que le defienda un abogado, a que le ayuden si la cosa con el empleo no va muy bien. Por que hay veces que lo haces bien, y que trabajas, y que cumples con los requisitos para que todo te salga bien pero, inexplicablemente, sale mal. No todos son perfectos, ni podemos ser héroes todos los años de nuestras vidas.

La forma en la que lo público y lo privado se entrelaza en cada empresa es tan complejo, que cortar los hilos puede resultar un poco simple (me enerva la comparación que establece muchas veces entre deuda pública, y las deudas domésticas privadas). La respuesta para resolver los problemas derivados de un sistema de solidaridad social, y de búsqueda de la igualdad de oportunidades, a mi entender, no pasa por eliminarla. No pasa por volver a creer en la visible mano invisible. Hay que hacer más fácil que la gente tenga oportunidades, estoy de acuerdo.

Pero me da la impresión de que los liberales consideran que esos mismos errores humanos que encontramos en lo público, no existieran en lo privado. Esas desviaciones, esa corrupción, esos juicios basados en resultados. Como si al liberalismo lo gobernaran robots. Como si los ejemplos de mangoneos internacionales no fueran suficiente ejemplo. Como si los emprendedores tuvieran que defender la utopía del capitalismo.

Solamente que le echo de menos una visión más rica. Es eso.