Feliz cliché

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Hace años reflexionaba Jorge Verstrynge sobre la voracidad del capitalismo que con ahínco defendió en sus primeros años en política (en Fuerza Nueva primero, y Alianza Popular luego). Contaba cómo el rock&roll era algo sucio y verdaderamente peligroso, donde la música y las fiestas se mezclaban con peleas a muerte entre rockers blandiendo cadenas de moto. Luego empezaron a vender cadenas de moto de colores, y el rock&roll fue asumido por el capitalismo con toda naturalidad, como una vía de escape a la violencia sistémica, perfectamente controlada. Llamo control, a no hacer peligrar el stau quo.

No sé a quién se atribuye la frase que dice que el punk murió el día que alguien se puso un imperdible por imitar a Johnny Rotten. La cuestión es la misma que con el rock, la idea -que no movimiento- antisistema que sólo se basaba en proponer el “do it yourself“, acaba convertido en un cliché divertido, en la cresta y los pantalones rotos, en los tintes y las tachuelas, en una tribu más para el reportaje de moda del Tentaciones. Una bomba social perfectamente desactivada por los artificieros. Al ser humano le resulta gratificante lo fácil, y por eso busca la etiqueta, el cajón, la huida de la consciencia de que somos responsables de nuestras propias vidas al fin y al cabo.

Tardaba en llegar, y fue Movistar la que anoche ejerció de Vomistar más que nunca, y lanzó su spot en el que nos dicen que nos regalan los mensajes de texto, que a ellos les salen prácticamente gratis (2 céntimos cada 10 mensajes, es decir que su margen de beneficio por mensaje era 75 veces su coste), y por los que nos estaban cobrando, hasta que servicios como WhatsApp se lo han comido con patatas. Para ello la compañía, que pierde clientes a mucha mayor velocidad que las conexiones que vende, decide que el anuncio debe reflejar una asamblea popular, que está como muy de moda, osea.

Y en eso parece haber quedado el 15M. Así le quiere dar carpetazo el sistema, de momento. En un patético cliché de jerséis de lana, barbas, zapatillas de deporte y smartphones. Por eso hace meses critiqué gran parte del movimiento, porque la izquierda sigue teniendo ciertos tics nerviosos ante las corbatas y los zapatos -Leo Bassi tiene reflexiones en sus shows al respecto-, esto es, ante la ruptura del cliché, ante ponérselo complicado a los señores que ponen los nombres. Pero no nos confundamos, que los movimientos sociales no sean teóricos de la comunicación, no significa que un creativo deba dormir tranquilo después de cargarse en veinte segundos, lo que ha costado demasiado a demasiadas personas.

5 notas como otras cualesquiera

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-Hay un chiste en Facebook que dice: “Se abre el telón, aparece Esperanza Aguirre. Se privatiza el telón“. Es gracioso, pero me gustaría adaptarlo del siguiente modo: “Se abre el telón, aparece Esperanza Aguirre, nos cuenta que los funcionarios son ineficientes y unos jetas, y que las empresas son eficientes y honradas, más eficientes y honradas cuantos más familiares tiene en ellas, y tú, que te la suda todo, dices que vale, y que quien venga detrás que arree. Pues te va a tocar a tí, así que te jodes, y si quieres ahora bajas el telón”.

-Se me ocurre una encuesta ¿Prefiere que la selección española juegue como el culo, a cambio de que la economía estuviera creciendo? Preguntemos a parados y a empleados. A ver.

-Me imagino a Pedrito Piqueras seleccionando la noticia para abrir el informativo. Con menos de mil muertos ni lo contempla. Ayer sacó imágenes de una erupción volcánica en el Pacífico. Dijo que algo así podría estar pasando en El Hierro. Claro, algo así, o parecido, o algo que no tiene nada que ver, o un señor mirando el Twitter en el water, o un albatros sobrevolando a un viejo dormido. Periodismo de calidad.

-Si tienes un volumen de trabajo gigante, y te proponen refutar las leyes de la termodinámica, deja la filosofía para otro día. Si no lo haces tu cliente se dará cuenta, y te dará un toque de atención.

-Hace años, en un seminario en el Alfil, Leo Bassi nos dijo que en sus espectáculos no incluía marcas. Parece simple, pero pasaba de hacer publicidad, y denunciaba a los monologuistas que, con tal de llegar fácil al lugar común, eran irreflexivos y hacían publi gratis. Hoy leo en Twitter #cineconmarcas: hacer nombres de pelis con marcas. Pues ahí anda la élite intelectual.

Hitler. El que más bebe y menos mea

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(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Hitler. El que más bebe y menos mea” fue publicado el 24 de septiembre de 2009″)

“El gobierno del espectáculo, que ostenta actualmente todos los medios desde falsificar el conjunto tanto de la producción como de la percepción, es dueño absoluto de los recuerdos, así como es dueño incontrolado de los proyectos que forman el porvenir más lejano. Reina solo en todas partes: ejecuta sus juicios sumarios.”

Guy Debord, Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (Gracias Moro)

Günter Grass contó en Im Krebsgang, cómo los rusos (los buenos) hundieron con un par de torpedos un barco con nuevemil niños y refugiados alemanes (los malos) en 1945. Le llamaron nazi, con un Nóbel bajo el brazo. No es muy conocido, que en USA (los superbuenos) también hubo campos de concentración, donde recluyeron, torturaron, y aniquilaron, a miles de personas, o que algunas islas del Pafífico están repletas de cuevas donde quemaban vivos a los japoneses (los malos. Sobretodo los de HiroshimaNagasaki, que debían ser horribles personas). Una guerra es una guerra, y punto.

Es sabido que los ganadores escriben la Historia y, lo que es peor, deforman el lenguaje adaptándolo a las necesidades de cada momento, como si se tratara de vulgares feriantes. Es decir que para nosotros, lo que los alemanes hicieron con los judíos fue un genocidio, pero lo que USA hizo con los japoneses fueron, o bien acciones de guerra (lanzar dos bombas atómicas, arrasar Tokio…), o bien acciones a prisioneros de guerra.

De este modo, la Historia se cuenta del siguiente modo: Hitler fue un loco asesino que ganó las elecciones, y luego con unos señores raros, asesinos y malos, quiso aniquilar a un pueblo (errante, al que habrá que darles un terruño, en un momento dado), que se imponía al pueblo alemán para lanzarle a la locura de la guerra, sólo por salir al mar. Afortunadamente (musiquita) los americanos vinieron a ayudar a los inocentes franceses (lo de Alsacia fue unquítame allá esas pajas), y al honorable y resistente Reino Unido.

El sistema nazi era, primordialmente un sistema tiránico por parte de lo económico (el capital, pero lo omito por no parecer un desfasao pegacarteles), que busca exactamente lo mismo que el neoliberalismo, con unos métodos bien parecidos (el beneficio prima, la guerra como fuente de reactivación económica, las minorías como enemigos, racismo marcado por diferencias económicas -esto es, color de piel-, violencia, superioridad de la raza dominante…) y, aunque se diferencian porque el neoliberalismo respeta las libertades individuales, la realidad tiende a igualar ambos modelos: con los gobiernos neoliberales, desde Thatcher hasta Bush, pasando por Nike, Microsoft o Shell, se ha percutido en dos direcciones: la invisibilidad y el engaño.

Por invisibilidad me refiero a que la libertad se resume en BurguerMcDonnaldsEl País, o El Mundo, en qué hacer con el sueldo, en decisiones nada molestas para el sistema, inocuas, vulgares, secundarias, con cuya toma, reforzamos al propio sistema, en tanto que lo aceptamos. Cualquier decisión que pueda plantearse un cambio de las cosas, cae en un reducto de lo cómico o esperpéntico, apaleado por los medios, políticos, y demás bienpensantes. La alternativa es invisible. El ejemplo más claro es que cuando han caído bancos, aseguradoras, y el sistema económico se ha venido a pique, la capacidad para generar alternativas es tan débil, está tan desactivada, que no ha existido alternativa alguna. La gran solución ha sido: (redoble) esperar a que todo pase.

Por engaño me refiero a que no se puede ser liberal de cintura para arriba, y no serlo de cintura para abajo. La doctrina económica liberal es difícilmente creíble si se acompaña de un pensamiento moral reaccionario y trasnochado. La libertad y la igualdad son faros a los que nunca llega ningún barco. Todos sabemos que al despertar del sueño americano, los negros tienen sus barrios, los inmigrantes los suyos, los blancos otros, y los superblancos sus privadísimos barrios. Hasta en España sucede. Cuando hablan del nazismo, nos enseñan lo importante que fue la publicidad, en control de las mentes y anhelos de los ciudadanos… omito comparación, por obvia. Desde que el mundo neoliberal campa a sus anchas, y se acabó la Historia (como dijo el hijoputa de Fukuyama), vemos torturas en campos de concentración, nos quitan el champú en los aeropuertos, aguantamos las historias de la hija de Belén Esteban, o llevamos un móvil con GPS que localiza en qué water cagamos a cada instante y, aquí viene la lección magistral amigos, no sólo lo hemos elegido nosotros, sino que nos sentimos afortunados por ello.

Es por todas estas cosas, y por otras muchas más, por las que la figura del fürer me hace mucha gracia. Lo juro, me da risa, me parece tan cómico como el traje de ejecutivo de Leo Bassi. Así me me voy a encerrar este finde, y a darle forma al cortometraje sobre Hitler, homenajeando a El Guateque. Será un descojono.