Canción de cumpleaños

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El amor no mueve el mundo. El amor no mueve el mundo pero lo bombardea cada día con historias dentro de libros, con canciones pop, con personas que se enamoran y que son como el negativo de un terrorista suicida. El amor se crea, se destruye y se transforma, vuela por las calles y se cuela en las rendijas a las que dan habitaciones racionales y vacías, y se queda ahí, esperando a que alguien entre un día. Y sobrevive ahogado, oculto, y muere en las mejores condiciones.

El amor no mueve el mundo pero lo intentó, juntando a una diva del indie pop con el presidente de una república europea que, el día antes de la boda, mandó un mensaje a su ex mujer, diciéndole que si volvían lo dejaba todo. El amor destruyó al grupo que hizo del amor bandera y negocio, enterró al ministro de Franco con su mujer, y se financia en tiempos de descrédito. El amor tiene el peor departamento de prensa de la historia, y el mejor de marketing. El amor se vende solo, sin certificado ISO 9001.

El amor no mueve el mundo, pero te movió a ti a una casa en la que sólo se compraba leche cuando tú venías, porque no había para más, y yo no quería que hubiera para menos. El amor hizo que el cínico al que nunca quedaba París, lo pintara en el mapa, que el diván se convirtiera en trampolín, que dejara de vomitar nieve los domingos por la mañana, que el caballo ganador recuperara el adjetivo.

El amor no mueve el mundo pero mira, hoy ha movido al pesimista, que está de baja, y ha permitido que te pueda escribir esto. Feliz cumpleaños.

Teatro de Cámara

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Ponerte delante del público y despertar sentimientos no es fácil. Quienes se sientan hoy a interesarse por las historias, son espectadores profesionales, ciudadanos de un mundo convertido en espectáculo. Acostumbrados a que de lo cotidiano se haga show, a encontrarse cada día con datos históricos, con momentos únicos e inigualables: partidos deportivos, elecciones, decisiones, conflictos vividos como fundamentales, como definitivos, como únicos, como “del siglo”. Porque sólo lo espectacular vende, y sólo lo que vende sobrevive, y de esa sociedad del espectáculo llegan cada sábado cien representantes para llenar un pequeño teatro en busca de sensaciones.

Ponerte delante del público y despertar sentimientos es doblemente difícil cuando lo haces por el camino más largo, el que no se lleva, el que no pasa por la naturalidad, el que utiliza el exceso de pompa, los personajes afectados: el universo de Dostoievski. El sábado el pequeño Teatro de Cámara Chéjov (San Cosme y San Damián, 3) abría sus puertas en una de sus últimas noches de farsa. El teatro se hunde por muchos motivos. Lo llaman crisis como forma de resumir el argumentario, pero ya saben que si algo me gusta es rescatar lo que se queda fuera en los top five, los detalles.

No les voy a engañar, no voy a ir de guay, fui porque mi mujer sacó las entradas y era ella la que le tenía ganas. De no ser por eso yo me hubiera quedado en casa viendo Sálvame, como los cuatro millones de fantasmas que no lo reconocen, pero que lo siguen cada sábado. Y por eso va a cerrar sus puertas. Ni más, ni menos. Los grandes números siempre mienten, y los del teatro mienten con arte porque es su profesión. Llevan años hablando de la buena salud del teatro, justificándose en datos de facturación tramposos. Son irreales porque cuentan con el boom de los musicales, esos espectáculos sacacuartos de medio pelo. También cuentan con los altos precios de obras repletos de actores televisivos, cuyos espectadores pagan gustosos por ver de cerca a sus ídolos, y por último suman el teatro de autor subvencionado. Pero el teatro está tan vivo y tan muerto como siempre.

La cuestión es que puedes andar cagado de frío por Antón Martín, con las manos hundidas donde creemos que los bolsillos generan el calor, dejando atrás el café y las letras de La Fugitiva, habiendo anotado una sesión de los Doré a la que nunca irás, puedes precipitarte barrio abajo, y puedes plantarte en la puerta del Chéjov y entrar. Si lo haces puede que te encuentres con dos actores interpretando Noches Blancas, buscando despertarte sentimientos. Y puede que lo consigan.

Cultura popular

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Que hay un público generalista, y otro más afilado es una realidad evidente. El segundo grupo es inconformista, hurga, busca, necesita cosas nuevas, pelea por unas propuestas arriesgadas, contemporáneas, y que le ayuden a entender el mundo en el que vive. Es algo evidente, como señala el profesor Enrique Villalba. Digamos que existe una élite más o menos cerrada, y una masa con las inquietudes justas, pero ambas necesitan de la cultura, y en ambos casos sus manifestaciones artísticas son cultura por igual.

Pero parece que son dos realidades que se dan de ostias constantemente. Los gafapastas parodiados por el esnobismo del que deja de creer en un grupo que vendía 999 discos en el momento en que vende 1000, contra el apalancado en el sofá que vive de las intimidades de la Esteban. Parece que en realidad ni lo uno ni lo otro. En cuanto al público generalista que clama por su ración de cultura basura, comentaba Jordi Évole en la fantástica entrevista para Jot Down que “es una falacia. ¿Quién coño ha ido puerta por puerta preguntando qué quiere el espectador?“. Y es cierto. Las élites también necesitan conectar con el público, eterna pelea de De la Iglesia en su período como presidente del cine español.

Por tanto tenemos un ámbito eminentemente sucio para un determinado público, y otro básicamente transgresor -más en sus formas- que encuentra unos pocos fanáticos. ¿Existen trasvases de la masa a la élite y de la élite a la masa? Es una pregunta ambiciosa y no tengo posibilidades de dar respuesta, pero lo que pienso es que ambos lados son capaces de percibir el atractivo que tienen sus contrarios. El ámbito de trabajo está, por tanto, en ese espacio común, y en que exista un equilibrio entre los extremos que podrían ser elitismo y demagogia.

Hay espacio, hay trabajo, y se deberían valorar los trabajadores culturales con suficiente perspectiva, criterio, talento y background como para centrarse en ayudar a que la sociedad sea capaz de entender. O por lo menos que sea consciente de que anda trabajando en entender, en que la amalgama de información que recibe violentamente cada día cristaliza en conjunto de conocimiento. Quiero decir que la tarea tiene su miga, y parece fundamental de cara a la gestión de determinada ansiedad social, que luego puede saltar en forma activa (violencia) o pasiva (depresión) ¿Y entre medias?: el poder.

Todo esto viene por el tema de la sustitución de José Luis Cienfuegos de la dirección del Festival de Cine de Gijón. Se trata de una decisión política, del típico programa de pago de favores para con los que te han ayudado a llegar al poder. Y se da a todos los niveles. En Madrid, por ejemplo, acaban de nombrar a Pedro Schwartz presidente del Consejo Económico y Social. Para quien no lo conozca, además de hermano del televisivo escritor y diplomático Fernando Schwartz, es un neoliberal de libro. De los que no quiere ver al estado ni en pintura. Y ahí le tienen, dirigiendo el CES. Para que se hagan una idea, el objetivo del CES es “facilitar la más plena participación de los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social“. Y para potenciar ese espacio público, sitúan en la presidencia a un tipo que odia los espacios públicos.

Se arma revuelo en las redes -cosa que legitima la cobertura en prensa: velocidad, no mucha reflexión- y salta la polémica con el Festival de Gijón. Me gustaría saber, de entre los usuarios que generan ese ruido social, cuántos han asistido a una jornada del festival en su puta vida. También la idea que tienen de la gestión del saliente, y de la experiencia del entrante. La única verdad es que el festival tenía una muy buena prensa, y que la crítica europea lo consideraba ejemplar.

Nada es eterno, así que Foro Asturias, ahora en el Ayuntamiento de Gijón, pone al frente a otro tipo inexperto, llamado Nacho Carballo -tan torpe como para polemizar por Facebook con la anterior gestión- que parece no haber hecho demasiados méritos, y que, de hecho en la entrevista concedida a El Comercio, no deja claro nada, excepto que quiere mantener una línea continuísta, pero que lo quiere hacer más “popular”. Es decir, que se trata de una decapitación pura y dura al anterior director. Probablemente la clave esté escondida en la última respuesta: “Vamos a intentar dar paso a la inversión privada, a través de patrocinios, de ciclos con otros países y que paguen ellos...”. Pasta.

Uno tiene la sensación de asistir, con cara de gilipollas, a la fiesta del liberalismo. Y menuda fiesta. Una party (tea) en la que se están desmontando todos esos espacios comunes de los que hablaba al principio: las herramientas de intervención en la vida pública, de gestión de nuestro destino común. Por otro lado, cuando alguien vota a un partido extraño, montado de aquella manera, y liderado por Paco Cascos… ¿Qué cojones se espera? Lo raro es que no hayan puesto a Ronald McDonnald de Consejero de Cultura.

Pura basura

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Hola queridos hijos de puta. Me gusta llamarles hijos de puta, estimados lectores occidentalitos, por aquello de repartir frustración. Lo hago básicamente porque soy consciente de que yo soy un hijo de puta, y me frustra. Pero tranquilos que somos unos hijos de puta sistémicos, osea que no me refiero a ser más o menos majete en el tú a tú (que en mi caso tampoco), sino a nuestra complicidad diaria con la basura que revolotea alrededor nuestra, a la que llamamos mundo.

Destaco unas putas mierdas, de las que tenemos a golpe de click o de quiosco, que me han revuelto la comida. Sí, a veces tengo accesos de una cosa -que los del norte diagnosticamos como patología- que se llama sensibilidad, y me revuelve las tripas -las que tenga- en sentido contrario a las agujas del reloj.

1) No sé si sabrán lo que es un futuro. Cuando uno tiene pasta y se aburre de las operaciones bursátiles típicas, y de asistir a las fiestas con farlopa del ex director general de Empleo de la Junta de Andalucía, puede dedicarse a operar con futuros, esto es, pactar el precio y el día de una compra o venta de una cantidad de bienes, o de valores. Total, que dentro de un año te voy a comprar tanto a tanto. Y entre medias especulo, porque igual alguien está interesado en comprarte eso en esa fecha, y yo interesado en llevarme la pasta ahora y no esperar a tal fecha. De esa manera vendo ese acuerdo, y me llevo un poquito, o un muchito para mí, en función de si el que me lo ha comprado tiene mucha o poca gana de comprármelo.

Los estadounidenses, que son unos hijos de puta, pero muy sanos, toman zumo de naranja cada mañana, y para ello, las importan de Brasil, que Valencia está como para pedir naranjas. En esto que el gobierno yanki detecta una partida de naranjas tratadas con un pesticida prohibido en los USA, y los futuros de la naranja suben casi un 10% en un día. La pasta en el banco te da un 2%, más o menos. Apostar en contra de una cosecha un 10%. Echen cuentas de quién puede andar detrás de los pesticidas.

2) Ruiz Mateos, ese muchacho del apellido compuesto. No me digas por qué le acusan de estafa, apropiación indebida, insolvencia punible, administración desleal, alzamiento de bienes, falsificación en documento mercantil y contable, así como de supuestos delitos contra los intereses de los consumidores. Ya ves qué chorrada. ¿Se acuerdan de los anuncios en los que podían hacerse con acciones de Nueva Rumasa?, ¿Recuerdan que serían rentables de la leche (chiste ochentero)? Pues no fue así.

¿Qué pasó con la pasta que captó? Ahora su abogado nos comenta que la utilizó -390 millones de euros-para pagar a los jugadores del Rayo, y para hacer donaciones al Opus Dei, Salesianos, y Legionarios de Cristo. Un cartel que ni el FIB. En total 12 millones de euros en donaciones a una serie de sociedades -6 Opus, 6 Legionarios, y 4 Salesianos- que nos adoctrinan en moral, y a cuyos colegios llevamos a nuestros hijos, por aquello de que crezcan rectos y no se mezclen con gitanos o chinos.

3) Zaplana, sí Zaplana, nuestro ministro más tostado, ha perdido su puesto como consejero en Telefónica Europa. Sigue levantándose un pastiche como adjunto al Secretario General de la multinacional, para la que también “trabajaba”, por ejemplo Urdangarín. Sí, la empresa del anuncio del 15M. Sí, Zaplana.

Esa es la basura que tenemos delante. Ese es el estercolero que estamos construyendo para nuestros hijos. De puta, claro.

PD: ¿Recuerdan a esa gente que se despide diciendo “nos vemos en los bares”?. Esa gente vota.

Suicidio informativo

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La revista Hola! tiene una sección que se encuentra al poco de comenzar su lectura. Tras pasar un buen puñado de páginas dobles de publicidad de perfumes de marcas impronunciables, y otras tantas de bolsos que sus lectoras jamás podrán comprar, aparece la sección a la que me refiero. Es un espacio fotográfico de cosas curiosas y absurdas: un caimán que acaba de salir del huevo, un monje tibetano meditando, un señor de Wisconsin con la barba -dicen- más grande del mundo…acompañadas de hilarantes y satíricos pies de foto. En definitiva toda una gama de noticias que consideran que pueden interesar a las señoras de su casa que leen el Hola! en la peluquería. Pues esa sección es lo que lo que denominamos hoy “informativos“.

En este caso es Cuatro y es Roberto Arce en las noticias de las 21. Podría ser cualquier otro desgraciado irresponsable, pero en este caso es Roberto Arce que está muy bien visto porque es así como muy yerno perfecto y tal. Empiezo a tener la sensación de que si trabajas de periodista y no estás en una zona de guerra jugándote el pellejo, ni eres periodista ni eres nada, porque desde luego aquí no se juega la piel ni dios. Tienes a los putos jueces sacando las vergüenzas al personal, y todavía están mal vistos socialmente. Al tema, Roberto Arce nos cuenta el intento de suicidio de un fiscal polaco. Leedlo aquí.

Por lo pronto son las nueve de la noche y emite la siguiente imagen. Si hay niños cerca llámenles y denle al play, que lo vean, que les va a venir bien…

El entramado de la noticia tiene mucha miga, pero si los informativos no lo contextualizan bien, no voy a ser menos. Sólo piensen en cinco polacos que conozcan. Vale. Volviendo al rollo, el tipo aparece, dicen que pide diez minutos de descanso en la rueda de prensa. Primera vez que oigo algo así. La cámara se queda grabando. Se pega un tiro. En la foto de arriba no veo sangre. Partamos de la base de que si un tipo se suicida no lo hace en el receso de una rueda de prensa. Si se quiere suicidar se suicida, y más si es un militar con una puta pistola. Milagrosamente el fiscal militar ya está recuperado del suicidio sin sangre, nos dice Roberto Arce, que nos ha colado esta mierda de pantomima, y se ha quedado tan tranquilo. Se ríen de los espectadores en prime time.

Mientras tanto hoy un compañero de Arce, Antonio Alemany se sienta en el banquillo porque el expresidente Jaume Matas le pagó medio millón de euros por hablar bien del propio Matas en El Mundo. No en la Gaceta de Tetuán, no, en El Mundo de nuestro querido Pedro Jota, adalid del periodismo. El problema no es que estuviera comprado que, al fin y al cabo muchos lo están de forma más o menos directa. El problema es la calidad de sus textos, y las consecuencias de los mismos: “Vi a un señor muy tranquilo que explicaba lo que había hecho en el último año[...] y a un neocomunista desbarrando…”. Gran prosa. Vomitemos, por favor.