Raro II

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Verán, cuando estaba en el colegio había un puñado de chavales bastante alborotadores, que parecían felices interrumpiendo a los profesores con sus chascarrillos y gracietas. En muchas ocasiones eran pesados, pero a un par de ellos nadie podía negarles mérito: demostraban un chispa natural, y una creatividad, que les hacía grangearse el carisma entre la muchachada. Cánticos, rimas, juegos, respuestas descaradas extraordinariamente rápidas e ingeniosas. Los profesores les machacaron desde primero de EGB. Ellos se crecían con cada castigo, se movían con soltura en las listas negras, y cargaron con un historial penoso. Supongo que el enésimo asalto fue demasiado para ellos, porque las escasas noticias que me llegan de ellos veinte años después, hablan de vidas bastante grises.

No existió la figura del profesor que les enseñara por qué debían estudiar, y mucho menos el maestro, que fuera capaz de canalizar aquel torrente creativo, aquellos gestos de inteligencia. Y no se crean, ninguno sabíamos qué cojones hacíamos en el colegio, pero nos faltaban pelotas para revelarnos, esto es, para preguntar. Algunos ya entraban en el sistema de la mejor manera posible, con lo que los psicólogos llaman “refuerzos”, que sólo significa la compra del esfuerzo de los niños con regalos materiales, o con la integración en los códigos de los mayores vía aprobación. Las preguntas seguían ahí.

¿Qué lugar tienen los perdidos para enfocarse?, ¿En qué marco pueden sobrevivir los díscolos, los diferentes?, ¿Cómo se puede superar un sistema desde la presunción de culpabilidad para todo aquel que lo cuestiona? El mundo era un lugar extraño, repleto de teorías sobre su fin, formación, etc. Google Maps nos genera la falsa sensación de conocimiento final. Creemos que Groenlandia es igual de grande que el continente africano, cuando éste es cuatro veces mayor (lo que se conoce como “el problema de Groenlandia” en la cartografía imperante desde Mercator, en el Siglo XVI), o que la línea del ecuador pasa por el centro del planeta continental, cuando en realidad divide al mundo en dos tercios de norte y uno de sur. O la propia orientación del mapa y la representación predominante del primer mundo.

Los conquistadores agigantaron y achicaron el planeta a su antojo, y ahora, con las herramientas de tecnología punta en nuestras manos, sigue siendo deforme en nuestra mente. Para cambiar la mentalidad hacen falta perdidos. Gente que se pierda porque, como decía el sociólogo Jesús Ibáñez, sólo los perdidos pueden crear mapas, sólo los perdidos mejoran este mundo. Y los perdidos, los inadaptados, tienen un reverso. Plantean problemas, resultan ejemplos malignos para la productividad, que vuelve a ser un concepto cada vez más cultural. En el colegio no dejaban respirar a los perdidos, y eso fue sólo el principio. Ahora, con un sistema agotado y a la deriva, buscamos desesperados a perdidos que nos iluminen con ideas diferentes. A buenas horas.

Raro

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Habrá quien piense que llevo toda la semana sin escribir, tocándome las pelotas. También habrá quien haya ascendido en la empresa de su papá, quien haya sentido la presencia de dios por vez primera, y quien haya matado a sus hijos, haciéndolos desaparecer. El mundo es un sitio muy raro, donde pasan muchas cosas que, en realidad, no son tantas.

España es el único país donde pueden convivir, en la misma barra de bar, una teoría y su contraria con toda naturalidad y sin que chirríe a nadie. Podemos, por ejemplo, escuchar a dos tipos compartiendo anises y mezclando la tesis “del país de artistas y camareros“, con la de la generación “mejor preparada de la Historia“. Supongo que lo de “mejor preparada” dependerá de para qué. Si el objetivo fuera la conquista de lugares más o menos desconocidos allende los mares, parece que vamos con siglos de retraso. Si lo que se pretende es marcar hitos en el mundo de las letras, nos ocurre lo mismo. Parece que se confunde ”preparación“, que es un concepto como muy de ganchillo, con “titulación“.

Sí, ya en el año 2008, España tenía un 28% de titulados superiores entre su población entre los 25 y los 64 años. Esto esto significa que la referencia impuesta por nuestros padres, la carrera que ellos no pudieron estudiar, ya no sirve. Aquel valor que suponía un salto de calidad indiscutible ha sido sometida a la inflación y arrojada a una industria que no lo necesitaba. Ese mismo año la tasa de sobretitulación llegaba al 22%. La culpa está siempre en los estudiantes/trabajadores. El acento se puso luego en los idiomas: la solución es abrir caminos, salir fuera, moverse. El país dedica una brutal cantidad de recursos en formar un talento al que después dice que se mueva, que se largue. Bien.

Pero ¿Para qué está preparada la young people? Pues hoy en día el concepto debería llevar el guión que lo convirtiera en pre-parado. Pienso en el número de licenciados en periodismo, que es enorme (lo buscan en gúgel). Los ejercicios de periodismo que observamos cada día en nuestros medios son mínimos. ¿Las universidades están planteadas como una ampliación del instituto?, ¿Por qué se basan en la memorización?, ¿Cuándo empezamos a confundir a la universidad como lugar de investigación, con la universidad como preparación para el mundo laboral? Como siempre el problema reside en las palabras, en el significado con que dotamos a las mismas, en el ahorro de reflexión que supone nombrar las cosas, en las equivocaciones con los nombres, en lo interesado que se esconde tras las equivocaciones.

En realidad -y me pongo con esa grandilocuencia que hace que el 90% de ustedes me odien- el rollo es un poco este: entramos en globalización, nos abrimos a caraperro al capital, tenemos mano de obra barata, se nos utiliza a cambio de sentirnos importantes e integrados, nosotros nos aprovechamos de alguien un poco peor, la cosa se pone fea, porque siempre está el país al que no le puede ir peor, y la ola sube. No tenemos instrumentos de intervención porque nos abrimos demasiado en su momento. En resumen, el proceso de mundialización es como tomarse el octavo orujo: por creernos más guapos, dilapidamos nuestra dignidad.

Ahora mismo vivimos en un stand by, esperando a que los creadores del discurso nos cuenten un nuevo cuento. La economía circula a tal velocidad que, por primera vez, les ha pillado despistados. Hay que armar el argumento que ya es sólido, pero falta compactar. Han de hacernos ver que los tecnócratas son la solución, deben crear escenarios y juegos de trampas argumentales, que nos hagan pensar que sus tropelías son justas, que incluso nosotros mismos llegamos a esas mismas conclusiones.

Habrá quien piense en cómo empezaba el post, y como acaba. Habrá quien se afirme en la teoría de que soy un tipo caótico, con un discurso roto, que huye del compromiso y se aleja del enfrentamiento. Habrá quien me la sude.

Viejas noticias nuevas

Posted in: General, massmedia

Que los paradigmas de la comunicación han cambiado parece un realidad evidente. Quizá lo más interesante de todo esto, sea el estudio del tránsito que sucede entre lo que producen los medios y llega a la audiencia, y lo que produce la audiencia y llega a los medios. También poner el foco en los factores clave como la velocidad de circulación del contenido, y cómo esto afecta al consumo, resultan novedades en los análisis decimonónicos de los procesos de producción y consumo de la información.

En este sentido hace un par de días nos encontramos con un hecho un tanto insólito, recogido y reflejado por El País. Se trata de la renovación del interés por dos noticias redactadas y publicadas hace años, en 2005 en concreto. Uniendo velocidad y la necesidad de compartir (según un estudio del NY Times un 84% de los usuarios comparten información porque, para ellos, compartir contenido es una necesidad social y diaria), nos encontramos con fenómenos como este. No hay tiempo para la pausa más mínima (la que permite comprobar la fecha de la noticia), sentimos una pulsión que nos lleva a compartir.

Este fenómeno ha dejado heridos recientes, como sucedía con la presunta muerte de Aznar en Twitter. Pero no podríamos achacar este tipo de mentiras convertidas en bolas de nieve, a las redes sociales. Al menos en parte no. Recordemos que, no hace mucho, Jordi Evolé fingía una paliza a un cobrador de la SGAE que se reflejó en la prensa tradicional, o el caso de las imágenes falsas de la guerra de Afganistán, o cuando TVE utilizó imágenes de una riada en Ciudad Real para ilustrar la catástrofe de Haití. Se trata de errores que, amén de la ética periodística, apuntan directamente a problemas sistémicos.

El oficio del periodista se ha ido desactivando paulatinamente. El periodismo de salón, de réplica de notas de prensa, de ausencia de contraste, está a la orden del día. Las excusas fundamentales son la falta de tiempo y los pobres salarios. En cuanto a lo primero, competir en tiempo con el usuario que puede fotografiar en informar en cualquier momento en cualquier lugar, es absolutamente imposible ya. Nos hemos saltado el debate sobre el periodismo ciudadano, porque ya está aquí. En cuanto a la segunda excusa, la de la pasta, pues qué quieren que les diga, tal vez que la profesión se ha convertido en un cajón desastre que tiene lo que paga, pero que aún se beneficia de la influencia que les aporta la costumbre: Marca todavía tiene casi tres millones de lectores al día.

Sucede también que las rutilantes estrellas de los medios son demasiado rutilantes. Se han debilitado los vínculos con la prensa local, han perdido el contacto con la realidad. La lucha por los grandes temas, por el supertitular, por llegar a ser como los grandes periodistas de las pelis americanas, se han dejado datos y detalles por el camino, y los periodistas deberían vivir del dato y del detalle. Jaime Cantizano, por ejemplo, prefirió el tipo de programas, de mentira y gimnasio, en el que vive encasillado, antes que proseguir con una carrera que comenzó haciendo radio con ciertos visos de convertirse en un periodista de calidad. Todo a cambio de moneda y brillo, y nadie se lo puede echar en cara.

Por tanto llevamos años viviendo, generalmente, del contenido que se produce en redacciones-salón, historias, relatos, creados por señores para los que la calidad ha pasado de ser elitista, a ser un lujo, y de ahí a la quimera que resulta hoy. Además de la legitimidad de implica la firma del propio medio, se ha relajado la exigencia de la otra parte, la audiencia, agradecida ante titulares que apelen a la demagogia, a los lugares comunes. La explosión del monólogo, formato que resulta un monumento al lugar común, es un ejemplo de redefinición de la calidad hacia algo más relacionado con el consenso, que con un canon.

Las redes sociales pasan a ser noticiables y a revestirse de legitimidad con rapidez. De nuevo la velocidad afectando a los procesos de legitimación, promoción y maduración. Donde antes había un “Diario alemán que asegura que…“, ahora es “En la red social Twitter se dice que…“. Cada vez las fuentes primarias de la información son más numerosas, en algunos casos anónimas y, en definitiva, difíciles de controlar, ergo, implican una mayor dificultad para contrastar.

Y moviéndose veloces tenemos periodistas -a los que llamo “conectados”- ya al margen de sus medios, implicados en estas redes, generando un criterio que les reporte credibilidad en un entorno líquido y cambiante, estableciendo relaciones, tejiendo una nueva forma de acercarse a unas nuevas fuentes. Insisto, al margen de sus medios, que se mueven mucho más lentos, demasiado pendientes de lo que sus anunciantes consideren una apuesta segura, o una arriesgada. Y de esa relación entre periodista y medio salen otras incógnitas evidentes: ¿Los periodistas conectados se esforzarán en “conectar” a sus medios?, ¿Les interesará ese ejercicio a ambos?, ¿Encontrarán los periodistas conectados vías de negocio que les permitan ser independientes a los medios?, ¿Esas vías de negocio afectarán a su credibilidad?.

Pues mientras esas incógnitas se van resolviendo sin que tengamos la capacidad de predecir los resultados, seguiremos asistiendo a fenómenos como que una noticia de 2005 vuelva al candelero.

Cuestión de cromosomas

Posted in: música

La revista Rolling Stone realiza un ejercicio que aúna el interés de todo aficionado a la música popular y del del público general, que básicamente busca enlazar con lo emocional, publicando un artículo sobre la influencia en nuestros gustos musicales de la música que les gustaba a nuestros padres y que, de alguna u otra manera, nos llegó en la infancia.

Mis años mozos están cosidos por trayectos que atravesaban el país desde Guadalajara hasta Gijón y vivecersa, animado por toda la puta discografía de Mecano, Albano y Romina Power, Alberto Cortez, Perales, y cintas recopilatorias de lo que sonaba en los 40 Principales, con canciones variopintas, hábilmente cortadas antes de que la voz del locutor las pisara. En defensa de mis padres he de decir que en la maletita de las cintas había obras de Luis Cobos, Mocedades, Sergio y Estíbaliz, Eros Ramazotti, y otras lindezas, que muy pocas veces salían a relucir.

En definitiva, cada viaje era una tortura de siete, u ocho horas, con mi hermana taladrando las historias de Eugenio Salvador Dalí, Aire, Laika y sus putos muertos en pepitoria. En casa música la justa. Obviamente en una familia obrera el concepto comprar un disco termina cuando se cumplen los 18, y tener hijos supone cerrar persianas, tanto por lo económico, como por la sensación de misión cumplida para con la Humanidad. Sólo cintas grabadas con discos de la Biblioteca Pública, lo que hoy se conoce como “piratería”, que entonces era lo más normal del mundo.

Pero mi padre tuvo un pasado, antes de perder el juicio y tirar por su veta más lírica (de los Eagles, Kenny Rogers, Engelbert Humperdink, y tal), atendiendo a la primera edición de Operación Triunfo, y todo tipo de personas que hagan gorgoritos. En ese pasado había nombres como Simon & Garfunkel, Supertramp, o Pink Foyd. Y a eso me enganché, a husmear un poco en el brillo de tiempo atrás, a escuchar aquel vinilo, el Animals, aquellos grandes éxitos de S&G con sus melodías redondas, y reconocibles si te educaron en colegio de curas.

Y de hurgar llegas al doble rojo de los Beatles que te encuentras un día tonto por casa, y del grupo que facturó el Animals aparece el The Piper at the Gates of Dawn, y todo cambia para siempre. Porque See Emily Play te produce el mismo destroce neuronal con catorce que con treinta. Qué brillante y qué raro. Entonces despegas y con el esnobismo como combustible descubres muchas cosas, te conviertes en un gilipollas descomunal que no puede hablar de música con nadie, sólo con otros gilipollas que tampoco pueden hablar de música con nadie. Con el paso de los años, retornas todo el rato a clásicos, te das cuenta que el tiempo es limitado para adorar nuevos becerros y ves el cajón de “novedades” con un cierto recelo. Digamos que con 30 escucho un 65% de clásicos, 35% novedades, y las diferencias, por lo que me dijo en su día Fran Nixon, irán in crescendo. De cualquier modo, siempre piensas que tienes razón.

Trucos para maquillar tu presentación

Posted in: General, marketing

Les voy a citar una serie de trucos efectistas para las presentaciones. Se trata de estratagemas de vendehumos, y creo que he demostrado lo suficiente en esa materia, como para que mis recomendaciones les puedan ser útiles:

-Los niños son muy importantes. Leía ayer una gran frase que resume lo que les digo: “Para mi hija, una revista es un iPad que no funciona, y siempre seguirá siéndolo“. La sentencia es genial porque no sólo tira del concepto niño, pretendiendo insinuar que somos animales que, por naturaleza necesitamos un producto, en este caso de Apple, sino que además profetiza que siempre será así. Tirando de la argumentación, podríamos deducir que el ideal hacia el que nos movemos es un mundo gobernado por Princesas Disney y Bob Esponja en los papeles de Merkel y Sarkozy, o que la Scala de Milán debería abrirse a Justin Bieber. Es un poco el argumento de que todo lo que no divierta se queda fuera, y que todo lo que requiere esfuerzo es un rollo poco comercial.

-Los crecimientos exponenciales. Cuando aparece un producto, soporte, portal, red… los crecimientos siempre son impactantes en tanto que algo que pase de 0 a10 ha crecido brutalmente, y lo que pase de 10 a 1000 ha multiplicado por 100 su tamaño. Por tanto podemos vender diez latas de guano de gaviota y, si dentro de un año se venden cien, hablamos de que hemos multiplicado por diez las ventas, con un crecimiento exponencial, como queriendo dar a entender que en otro año todo ser vivo tendrá su latita de caca de pájaro.

-Los datos absolutos. Contar que un servicio tiene 10.000 usuarios, suele significar que ese servicio, siendo muy optimistas, tiene 5.000 usuarios reales, pero nos da lo mismo porque lo que intentamos en las presentaciones es impresionar. Es más o menos como medírtela. ¿Desde dónde se empieza?, ¿Cuál es la base del aparato?, ¿En erección, o en estado de relax? Los conozco que se la medían empezando casi desde la nuca. Al final no se engaña a nadie. Al principio sí.

-La frase “si no estás (…rellénese al gusto…) no eres nadie. Es un mito sólo utilizable en caso de que el interlocutor sea duro de mollera y no llegue a esa conclusión tras toda la presentación. Es un remate, una aclaración literal. Se aplicó a internet, y el incremento de basura online hizo que estar en internet no significara nada. Nos viene del cole donde si no teníamos una pulsera de macarrón, o chinito de la suerte, o Air Jordan, o pulsera de chapa de New Kids on the Block, o una bomber, o el pelo a tazón, no éramos nadie. Pasó con second life, y ahora pasa con las redes sociales, principalmente con facebook. “Tus clientes están en facebook“. Vale, y tu competencia, y tus clientes potenciales, y los que te aman y los que te odian, y tu mujer, tu suegra y tu canario. Venga ya estamos todos en facebook, ¿Ahora qué? Pues a hacer dinero en otro lugar en el que si no estás no serás nadie.

-Emplear datos de USA. Los Estados Unidos de América, país en el que si no vives en una unifamiliar con un buen garaje lleno de enchufes, tu hijo será un puto fracasado. Siempre van por delante. Japón también mola, o eso pensamos desde que les lanzamos dos bombas atómicas. Si tu dices que tal servicio está a tope en USA, o Japón, el personal se lo piensa. Es como el “anunciado en TV que va en las cajas de las tapas del chef Tony, o en el Abbflex. Es la garantía de calidad. USA es la TV del mundo.

No voy a seguir porque no sé de qué coño voy a hablar en la próxima reunión…