Política y pantuflas

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- Cuando estaba en la facultad, en los años más duros del aznarismo, los pijolis colindantes, sin pelotas para confesar su voto popular, me comentaban que eran muy de UPyD. Yo salía aturdido, de asambleas absurdas donde los punkis se tiraban tres cuartos de hora discrepando sobre si encabezar el enésimo manifiesto en el desierto con “compañeras y compañeros“, o por el contrario con “compañeros y compañeras“. No daba crédito al nivelazo de la futura elite política del país.

- Para mi sorpresa, poco antes, Rosa Díez, aprovechando su escaño socialista en Europa, empieza a hacer campaña por el partido que comienza a montar, que se llama UPyD, y que es de color rosa, y superético, y tal. Entretanto se aprovechan de la imagen de Fernando Savater, que es un poco filósofo bestseller. Inquietantemente este año se encuentran con que más de un millón de personas creen que sería una gran presidenta del gobierno. Ya que el 20N arrasó un político que no dijo nada de lo que haría si llegara a presidente, qué mejor de un partido entero del que no sabemos casi nada. En vista de que los políticos no molan, parece que se premió que molestaran lo menos posible.

- UPyD saca cinco diputados: Rosa Díez, Toni Cantó, y otros tres, por lo que, como se necesitan seis, se quedan a uno de poder formar grupo parlamentario. Tener grupo parlamentario es chachi, porque tienes una partidita presupuestaria, despacho propio, y minutos de tele. Al no formarlo tienen que estar en el grupo mixto, que es un poco como una discoteca a las cinco de la mañana.

-Amaiur tiene siete diputados: un exjugador de balonmano, compañero de Urdangarín, y otros seis tipos así con el pelo cortado a mordiscos y jerséis de lana, como muy vascos. Ellos sí pueden, siguiendo el reglamento del Congreso (que es una cosa estúpida que nos obligaban a memorizar en la facultad), tener grupo parlamentario. Y se ponen corbata para ir a ver al Rey y se preguntan por las familias, y toda la pesca.

- Rosa Díez vio clarinete que España es un país muy nacionalista, y tiró del filón del antinacionalismo periférico para ganar adeptos de uno y otro lado (PP y PSOE, digo), y además es una mujer que grita y pone cara de enfado, y eso es algo que gusta mucho también. Con el tiempo se avinagró bastante contra los nacionalistas vascos y, cosas del destino, ahora Amaiur tiene grupo parlamentario y ella no. Chincha rabiña, que tengo una piña, con muchos piñones.

- La tía, ni corta ni perezosa, declara que lo de la formación de grupos parlamentarios es “una ofensa” que “no les va a salir gratis” (refiriéndose al PP). Ha señalado que “tenemos la obligación de ser tratados con respeto y lo que ha hecho el PP es una falta de respeto que no vamos a tolerar“. Como muy camorrista todo, ¿No? Vamos que la señora nos quiere explicar un poco lo que es democracia y lo que no.

-Total, que como ella sabe lo que es democracia, tras rajar de la clase política, sus desmanes, despotismo, alejamiento de la sociedad, y tal, pacta con Foro Asturias para que le presten un diputado y poder formar grupo. Foro Asturias es la escisión del PP en Asturias, liderada por Paco Cascos, que representa lo más rancio de la clase política, sus desmanes, despotismo, y alejamiento de la sociedad. Eso les pasa por lentos. Si hubieran estado más hábiles, hubieran fichado a Chris Paul, pero llegaron los Clippers y se lo han llevado antes, así que no han tenido más remedio que pactar con Cascos para tener su grupito.

- Y ya.

RECOMENDACIONES PARA LOS VOTANTES DE UPYD DESENGAÑADOS ANTES DE EMPEZAR LA LEGISLATURA

1) Pacharán.

2) En 2012 The Magnetic Fields vienen a España. He descubierto a un grupo argentino que les versiona. Dejo prueba de ello:

7 notas y 3 detalles

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- Vengo leyendo hace un tiempo cositas sobre que el nuevo modelo de negocio es la adaptación a la inexistencia de nuevos modelos de negocio. Creo que mola mucho eso de empezar algo nuevo, y como no se tiene ni puta idea, y tampoco experiencia (en tanto que es nuevo) se diga que en realidad no hay fórmulas, o estructuras. Muy humilde sí: lo que yo no entiendo, ni clasifico, no existe. Lo único que está claro es que tal vez esos modelos tengan una vida más corta que los anteriores, y que la flexibilidad para adaptarse sea básica. O tal vez no. Es interesante esta reflexión de Hernán Casciari.

- Una vez que hayan visto el vídeo, tengan en cuenta otra cosa: que la industria tradicional del contenido se va hundiendo sola es un hecho, pero tampoco deja de ser cierto que es necesario atacarla para ganar espacio en la nueva realidad, y que esos ataques son peligrosos. En la pelea por crear cosas nuevas se reciben contraataques de gente que pega duro, porque lleva toda la vida mandando y pegando. Y el fracaso es una realidad a la que, creo, no hay que tener miedo, pero tampoco hay que negar su existencia.

- La crisis se nota en la calle de muchas formas. Una de ellas es que el alumbrado de Madrid se ha reducido a la mínima expresión. Se acabaron los tiempos de pagar pastiches a diseñadores por colocar bombillas. Da un poco de mala espina. Es como cuando vas a ese dentista enrollado y simpático, con una consulta llena de fotos de familias felices y mascotas coloridas y divertidas, cuyo buen rollo y simpatía van desapareciendo conforme te vas acercando a la sala donde te van a coger las muelas con alicates.

El Clásico, por cierto. Cuando un equipo es mucho mejor que otro, le gana nueve de cada diez veces. La otra fue la final de Copa del año pasado. El resto es literatura barata y ficción chunga. No tiene más análisis.

- A propósito del Clásico y de mi estimado Mourinho: ganar nueve millones de euros al año y presentarte con pantalón de chándal y chaleco plumífero, no sé si revela que no aprendió nada en Milán, que le va el look “conductor de cunda”, o que quiere engañar al personal yendo de cercano, pero cayendo en lo chabacano. En todo caso es un gesto de mal gusto, populista e inmoral.

- Queridos Rafa Nadal y Steve Jobs: si mi biografía estuviera en una librería católica me preocuparía muy en serio. Ahí están los dos tochos, en el escaparate de la librería San Pablo, en la Plaza Jacinto Benavente, esperando que algún pecador (de la pradera) caiga en la tentación de comprar algo ajeno a las reflexiones de Juan Pablo II. Es curioso cómo aprovechan cualquier tipo de mística para apropiarse y lucir.

- En La2, a eso de las nueve de la noche, llevan meses programando unos documentales de la puta ostia. Imágenes inéditas y coloreadas de la II Guerra Mundial, y ahora me estoy perdiendo, por escribir aquí, otro de la misión a la Luna. De verdad imágenes tratadas, calidad del recopete. Aprovechad, que a La2 le quedan tres tardes.

DETALLES:

Baltasar Garzón tiene 320.000 fans en Facebook. Toma community management. En su día el juez estrella causó estragos entre las mismas féminas que lo hizo Felipe González. Tenemos una importante comunidad de marus con furor uterino por los altos funcionarios.

Chelsea Clinton debuta como reportera en la NBC. Un minuto de silencio, por favor.

- Tras el silencio, me llega vía @weezermij esta barbaridad creada, como siempre, por un chavalín de mierda:

Raro II

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Verán, cuando estaba en el colegio había un puñado de chavales bastante alborotadores, que parecían felices interrumpiendo a los profesores con sus chascarrillos y gracietas. En muchas ocasiones eran pesados, pero a un par de ellos nadie podía negarles mérito: demostraban un chispa natural, y una creatividad, que les hacía grangearse el carisma entre la muchachada. Cánticos, rimas, juegos, respuestas descaradas extraordinariamente rápidas e ingeniosas. Los profesores les machacaron desde primero de EGB. Ellos se crecían con cada castigo, se movían con soltura en las listas negras, y cargaron con un historial penoso. Supongo que el enésimo asalto fue demasiado para ellos, porque las escasas noticias que me llegan de ellos veinte años después, hablan de vidas bastante grises.

No existió la figura del profesor que les enseñara por qué debían estudiar, y mucho menos el maestro, que fuera capaz de canalizar aquel torrente creativo, aquellos gestos de inteligencia. Y no se crean, ninguno sabíamos qué cojones hacíamos en el colegio, pero nos faltaban pelotas para revelarnos, esto es, para preguntar. Algunos ya entraban en el sistema de la mejor manera posible, con lo que los psicólogos llaman “refuerzos”, que sólo significa la compra del esfuerzo de los niños con regalos materiales, o con la integración en los códigos de los mayores vía aprobación. Las preguntas seguían ahí.

¿Qué lugar tienen los perdidos para enfocarse?, ¿En qué marco pueden sobrevivir los díscolos, los diferentes?, ¿Cómo se puede superar un sistema desde la presunción de culpabilidad para todo aquel que lo cuestiona? El mundo era un lugar extraño, repleto de teorías sobre su fin, formación, etc. Google Maps nos genera la falsa sensación de conocimiento final. Creemos que Groenlandia es igual de grande que el continente africano, cuando éste es cuatro veces mayor (lo que se conoce como “el problema de Groenlandia” en la cartografía imperante desde Mercator, en el Siglo XVI), o que la línea del ecuador pasa por el centro del planeta continental, cuando en realidad divide al mundo en dos tercios de norte y uno de sur. O la propia orientación del mapa y la representación predominante del primer mundo.

Los conquistadores agigantaron y achicaron el planeta a su antojo, y ahora, con las herramientas de tecnología punta en nuestras manos, sigue siendo deforme en nuestra mente. Para cambiar la mentalidad hacen falta perdidos. Gente que se pierda porque, como decía el sociólogo Jesús Ibáñez, sólo los perdidos pueden crear mapas, sólo los perdidos mejoran este mundo. Y los perdidos, los inadaptados, tienen un reverso. Plantean problemas, resultan ejemplos malignos para la productividad, que vuelve a ser un concepto cada vez más cultural. En el colegio no dejaban respirar a los perdidos, y eso fue sólo el principio. Ahora, con un sistema agotado y a la deriva, buscamos desesperados a perdidos que nos iluminen con ideas diferentes. A buenas horas.

Raro

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Habrá quien piense que llevo toda la semana sin escribir, tocándome las pelotas. También habrá quien haya ascendido en la empresa de su papá, quien haya sentido la presencia de dios por vez primera, y quien haya matado a sus hijos, haciéndolos desaparecer. El mundo es un sitio muy raro, donde pasan muchas cosas que, en realidad, no son tantas.

España es el único país donde pueden convivir, en la misma barra de bar, una teoría y su contraria con toda naturalidad y sin que chirríe a nadie. Podemos, por ejemplo, escuchar a dos tipos compartiendo anises y mezclando la tesis “del país de artistas y camareros“, con la de la generación “mejor preparada de la Historia“. Supongo que lo de “mejor preparada” dependerá de para qué. Si el objetivo fuera la conquista de lugares más o menos desconocidos allende los mares, parece que vamos con siglos de retraso. Si lo que se pretende es marcar hitos en el mundo de las letras, nos ocurre lo mismo. Parece que se confunde ”preparación“, que es un concepto como muy de ganchillo, con “titulación“.

Sí, ya en el año 2008, España tenía un 28% de titulados superiores entre su población entre los 25 y los 64 años. Esto esto significa que la referencia impuesta por nuestros padres, la carrera que ellos no pudieron estudiar, ya no sirve. Aquel valor que suponía un salto de calidad indiscutible ha sido sometida a la inflación y arrojada a una industria que no lo necesitaba. Ese mismo año la tasa de sobretitulación llegaba al 22%. La culpa está siempre en los estudiantes/trabajadores. El acento se puso luego en los idiomas: la solución es abrir caminos, salir fuera, moverse. El país dedica una brutal cantidad de recursos en formar un talento al que después dice que se mueva, que se largue. Bien.

Pero ¿Para qué está preparada la young people? Pues hoy en día el concepto debería llevar el guión que lo convirtiera en pre-parado. Pienso en el número de licenciados en periodismo, que es enorme (lo buscan en gúgel). Los ejercicios de periodismo que observamos cada día en nuestros medios son mínimos. ¿Las universidades están planteadas como una ampliación del instituto?, ¿Por qué se basan en la memorización?, ¿Cuándo empezamos a confundir a la universidad como lugar de investigación, con la universidad como preparación para el mundo laboral? Como siempre el problema reside en las palabras, en el significado con que dotamos a las mismas, en el ahorro de reflexión que supone nombrar las cosas, en las equivocaciones con los nombres, en lo interesado que se esconde tras las equivocaciones.

En realidad -y me pongo con esa grandilocuencia que hace que el 90% de ustedes me odien- el rollo es un poco este: entramos en globalización, nos abrimos a caraperro al capital, tenemos mano de obra barata, se nos utiliza a cambio de sentirnos importantes e integrados, nosotros nos aprovechamos de alguien un poco peor, la cosa se pone fea, porque siempre está el país al que no le puede ir peor, y la ola sube. No tenemos instrumentos de intervención porque nos abrimos demasiado en su momento. En resumen, el proceso de mundialización es como tomarse el octavo orujo: por creernos más guapos, dilapidamos nuestra dignidad.

Ahora mismo vivimos en un stand by, esperando a que los creadores del discurso nos cuenten un nuevo cuento. La economía circula a tal velocidad que, por primera vez, les ha pillado despistados. Hay que armar el argumento que ya es sólido, pero falta compactar. Han de hacernos ver que los tecnócratas son la solución, deben crear escenarios y juegos de trampas argumentales, que nos hagan pensar que sus tropelías son justas, que incluso nosotros mismos llegamos a esas mismas conclusiones.

Habrá quien piense en cómo empezaba el post, y como acaba. Habrá quien se afirme en la teoría de que soy un tipo caótico, con un discurso roto, que huye del compromiso y se aleja del enfrentamiento. Habrá quien me la sude.

Viejas noticias nuevas

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Que los paradigmas de la comunicación han cambiado parece un realidad evidente. Quizá lo más interesante de todo esto, sea el estudio del tránsito que sucede entre lo que producen los medios y llega a la audiencia, y lo que produce la audiencia y llega a los medios. También poner el foco en los factores clave como la velocidad de circulación del contenido, y cómo esto afecta al consumo, resultan novedades en los análisis decimonónicos de los procesos de producción y consumo de la información.

En este sentido hace un par de días nos encontramos con un hecho un tanto insólito, recogido y reflejado por El País. Se trata de la renovación del interés por dos noticias redactadas y publicadas hace años, en 2005 en concreto. Uniendo velocidad y la necesidad de compartir (según un estudio del NY Times un 84% de los usuarios comparten información porque, para ellos, compartir contenido es una necesidad social y diaria), nos encontramos con fenómenos como este. No hay tiempo para la pausa más mínima (la que permite comprobar la fecha de la noticia), sentimos una pulsión que nos lleva a compartir.

Este fenómeno ha dejado heridos recientes, como sucedía con la presunta muerte de Aznar en Twitter. Pero no podríamos achacar este tipo de mentiras convertidas en bolas de nieve, a las redes sociales. Al menos en parte no. Recordemos que, no hace mucho, Jordi Evolé fingía una paliza a un cobrador de la SGAE que se reflejó en la prensa tradicional, o el caso de las imágenes falsas de la guerra de Afganistán, o cuando TVE utilizó imágenes de una riada en Ciudad Real para ilustrar la catástrofe de Haití. Se trata de errores que, amén de la ética periodística, apuntan directamente a problemas sistémicos.

El oficio del periodista se ha ido desactivando paulatinamente. El periodismo de salón, de réplica de notas de prensa, de ausencia de contraste, está a la orden del día. Las excusas fundamentales son la falta de tiempo y los pobres salarios. En cuanto a lo primero, competir en tiempo con el usuario que puede fotografiar en informar en cualquier momento en cualquier lugar, es absolutamente imposible ya. Nos hemos saltado el debate sobre el periodismo ciudadano, porque ya está aquí. En cuanto a la segunda excusa, la de la pasta, pues qué quieren que les diga, tal vez que la profesión se ha convertido en un cajón desastre que tiene lo que paga, pero que aún se beneficia de la influencia que les aporta la costumbre: Marca todavía tiene casi tres millones de lectores al día.

Sucede también que las rutilantes estrellas de los medios son demasiado rutilantes. Se han debilitado los vínculos con la prensa local, han perdido el contacto con la realidad. La lucha por los grandes temas, por el supertitular, por llegar a ser como los grandes periodistas de las pelis americanas, se han dejado datos y detalles por el camino, y los periodistas deberían vivir del dato y del detalle. Jaime Cantizano, por ejemplo, prefirió el tipo de programas, de mentira y gimnasio, en el que vive encasillado, antes que proseguir con una carrera que comenzó haciendo radio con ciertos visos de convertirse en un periodista de calidad. Todo a cambio de moneda y brillo, y nadie se lo puede echar en cara.

Por tanto llevamos años viviendo, generalmente, del contenido que se produce en redacciones-salón, historias, relatos, creados por señores para los que la calidad ha pasado de ser elitista, a ser un lujo, y de ahí a la quimera que resulta hoy. Además de la legitimidad de implica la firma del propio medio, se ha relajado la exigencia de la otra parte, la audiencia, agradecida ante titulares que apelen a la demagogia, a los lugares comunes. La explosión del monólogo, formato que resulta un monumento al lugar común, es un ejemplo de redefinición de la calidad hacia algo más relacionado con el consenso, que con un canon.

Las redes sociales pasan a ser noticiables y a revestirse de legitimidad con rapidez. De nuevo la velocidad afectando a los procesos de legitimación, promoción y maduración. Donde antes había un “Diario alemán que asegura que…“, ahora es “En la red social Twitter se dice que…“. Cada vez las fuentes primarias de la información son más numerosas, en algunos casos anónimas y, en definitiva, difíciles de controlar, ergo, implican una mayor dificultad para contrastar.

Y moviéndose veloces tenemos periodistas -a los que llamo “conectados”- ya al margen de sus medios, implicados en estas redes, generando un criterio que les reporte credibilidad en un entorno líquido y cambiante, estableciendo relaciones, tejiendo una nueva forma de acercarse a unas nuevas fuentes. Insisto, al margen de sus medios, que se mueven mucho más lentos, demasiado pendientes de lo que sus anunciantes consideren una apuesta segura, o una arriesgada. Y de esa relación entre periodista y medio salen otras incógnitas evidentes: ¿Los periodistas conectados se esforzarán en “conectar” a sus medios?, ¿Les interesará ese ejercicio a ambos?, ¿Encontrarán los periodistas conectados vías de negocio que les permitan ser independientes a los medios?, ¿Esas vías de negocio afectarán a su credibilidad?.

Pues mientras esas incógnitas se van resolviendo sin que tengamos la capacidad de predecir los resultados, seguiremos asistiendo a fenómenos como que una noticia de 2005 vuelva al candelero.